Perfiles de cartón piedra

El otro día, en un grupo de whatsapp de excompañeros de trabajo convertidos en amigos, nos reíamos de un post que colgó en LinkedIn una persona que había trabajado con nosotros y que jamás destacó por ser, digamos, un ejemplo de lo que buscaríamos en una profesional del área de personas. Le habían dado, precisamente, un “premio” de RRHH y todo en esa publicación era puro postureo: desde el texto (que parecía escrito por el departamento de comunicación) hasta la foto, pasando por el mismísimo premio (qué manía en llamar premios a lo que en realidad es publicidad pagada). Ese post tan poco auténtico, de repente, me recordó a esos programas de reformas donde las paredes de las casas son de un material que con un golpe de martillo se derriban fácilmente y pensé: ¿de qué sirve realmente tener un perfil de cartón piedra en una red como Linkedin?

Está claro que en las redes todos venimos a ofrecer nuestra mejor versión, faltaría más.  De hecho, aprecio enormemente que las personas lleven sus perfiles de LinkedIn con cariño, tomándose la molestia de poner una foto representativa, escribiendo un buen extracto y realizando un seguimiento cotidiano en primera persona (en los textos que escribe, en los comentarios que hace, en lo que comparte, en los likes que da, …). Pero una cosa es aplicarte para tener un buen perfil (y hay profesionales impecables que te enseñan a h acerlo) y otra muy distinta es “delegar” tu perfil, típico rasgo de los perfiles de cartón piedra. Me explicaré con una metáfora.

LinkedIn es, ahora más que nunca, como la plaza del pueblo. Está abierto a todo el mundo y todos podemos salir a pasear por ella, saludar a las demás personas que también pasean, decidir si nos paramos a conversar o a tomar café y establecer relaciones más allá de saludarnos. Existen unos códigos de conducta bastante bien definidos y que generalmente se respetan. Es normal que para salir a la plaza decidas arreglarte y salir lo mejor posible, pero siempre siendo tú mismo/a. Lo que no tiene ningún sentido es hacer salir a otra persona a pasear por ti y menos aún hacer salir a esa persona con una careta tuya. Y eso es lo que hacen los perfiles de cartón piedra: hacer pasear a otra persona en su lugar. Y, aunque quizás no podemos decir que eso sea hacer trampas, sí que podemos definir ese comportamiento como algo falso. Ese perfil no muestra a la persona real, sino que se convierte en una especie de bot. Y, con toda sinceridad, ¿de qué sirve seguir a un bot? ¿somos conscientes de que cuando seguimos a esos perfiles lo que hacemos en realidad es seguir a la persona que genera sus contenidos y gestiona la cuenta?

Es fácil identificar un perfil de cartón piedra: foto en plan revista, post escrito en tono impersonal corporativo (los textos acostumbran a ser un copywriting del área de comunicación o similar), hashtags facilones, cero generación de contenido de valor, mucho tópico y/o frases manidas. Suelen ser más un ejercicio de marca personal mal entendida que una contribución a la red, ya que raramente interactúan generosamente  dando likes o comentando y se limitan a hacer publicaciones unidireccionales. Me pregunto qué aportan realmente a la red este tipo de perfiles. Y más aún, si en la red se comportan así, me pregunto qué deben aportar realmente a sus empresas.

Seamos realistas: es totalmente lícito que no quieras salir a pasear a la plaza del pueblo. Nadie te obliga a hacerlo. Puedes mirar la plaza desde el balcón para ver qué está pasando sin salir y está perfecto. Pero, en serio, no hagas salir a otra persona a pasear con tu careta. Quizás no es ilegal, pero tampoco es auténtico y, a estas alturas, ya tendríamos que ir considerando lo no-auténtico como ridículo. Y más teniendo en cuenta que el cartón-piedra, como en los programas de reformas, cae al primer golpe de martillo.

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