Power To The People
¡Qué bien que estés aquí! Soy Emma Giner y llevo más de 20 años desarrollando equipos y operaciones en entornos multiculturales de alta exigencia.
Sobre mí
En mi etapa corporate trabajé para Mango e Inditex en roles como Directora Global de Desarrollo o Directora Internacional de Personas y Operaciones. Tuve el placer de hacer realidad proyectos de alto impacto en ciudades como Shanghai, Londres, Roma, Moscú, New York, París, Hong Kong, Dubai, Ciudad de México, Berlín o New Delhi, siempre acompañada de mi equipo (¡casi familia!) formado por más de 20 nacionalidades distintas.
En 2016 emprendí mi propio proyecto como People & Organisation Shaker. Mi objetivo es hacer que las cosas pasen y que las organizaciones se acerquen a su cliente externo de la única manera coherente y relevante en la actualidad: a través de su cliente interno (es decir, a través de las personas que trabajan en dichas organizaciones). Día a día, colaboro con empresas e instituciones de todos los sectores ayudándolas a agitar su status quo, a adoptar un espíritu intraemprendedor y a simplificar estructuras, herramientas y procesos para conseguir resultados extraordinarios y sostenibles que impacten positivamente en su comunidad de clientes (internos y externos).
Dentro del contexto académico, tengo el honor de formar parte del claustro de IE Business School (Madrid), donde soy profesora habitual en programas Executive como High Impact Leadership, Advanced Management Program o Senior Management Program (Teaching Excellence Award desde 2019). También imparto mis sesiones en EDEM, dentro del ecosistema Lanzadera / Marina de Empresas (Valencia).
Muchísimas gracias
por entrar en mi web, ¡espero que te guste!
One Shot
Agitar positivamente una organización para conseguir algo extraordinario no es tan difícil. Sólo es cuestión de encontrar el formato que mejor se adapte a lo que necesitas. Muchas veces ese shake positivo que estás buscando se consigue con una acción de corta duración y alto impacto donde los participantes son siempre los protagonistas. De 30 minutos a 8 horas, en formato de conferencia interactiva, workshop, hackathon o aprendizaje dinámico. Siempre enfocado a compartir y crear experiencias desde la experiencia.
En mis One Shot trabajo: el impacto de las personas en el negocio, cómo integrar Estrategia, Táctica y Operativa, cómo desarrollar un pensamiento intraemprendedor, la innovación cotidiana, el agile operacional, la estrategia a través de Canvas, el Power Storytelling o los 4 puntos esenciales de la gestión de proyectos.
Project
Defiendo el concepto Express Project. Mis intervenciones y sus resultados se dimensionan teniendo en cuenta que el proyecto debe durar un máximo de 3 meses. Como cada organización es especial y única, creo el equipo de proyecto con perfiles internos para generar herramientas y maneras de trabajar genuinas, sostenibles y fáciles de mantener sin la ayuda de un externo. A los 3 meses el proyecto estará listo y, quién sabe, puede dar pie a empezar otro.
Mis proyectos están muy relacionados con arquitectura organizacional y de negocio, procesos de job crafting, simplificación de maneras de trabajar o gestionar proyectos o evolución de departamentos como HR.
Mentoring
¿Te estrenas en un nuevo rol dirigiendo un equipo de HR, Talento o Learning y no sabes por dónde empezar? ¿Estás evolucionando el enfoque de tu departamento de People y necesitas a alguien para pensar y proyectar juntos? Te acompaño para diseñar, implementar y enseñar. Trabajo contigo y estaré a tu lado hasta que lo que necesites esté funcionando y generando el impacto positivo que buscas.
Servicios
Clientes
















































































Blog
Uno de cada cinco CEOs presenta indicios de psicopatía. Así de claro lo dice un artículo de Forbes que cayó el otro día en mis manos. Me resultó un dato tan estremecedor que empecé a investigar y descubrí una avalancha de papers, estudios y literatura sobre la llamada “psicopatía corporate”. La lista de comportamientos vinculados a este trastorno de la personalidad es impactante: falta de empatía, egocentrismo, ausencia de remordimientos, manipulación, mentiras, encanto superficial, … A priori parece que estemos hablando del protagonista de American Psycho, pero lo cierto es que leer esta lista también nos hace pensar rápidamente en algún que otro jefe que hayamos aguantado en el pasado. O que quizás estemos sufriendo ahora.
De un modo directo o indirecto, todos conocemos los estragos organizacionales que los psicópatas corporate causan con su gestión y lo devastador que es su maltrato en las personas que trabajan con ellos. Algunas desarrollan síndrome de Estocolmo, otras creen que pueden hacerles entrar en razón (y mueren en el intento), otras tienen que acabar asistiendo a terapia, otras soportan silenciosamente vejaciones corporate de todo tipo (insultos, amenazas, …) que las hacen vivir en un pánico e inseguridad constante mientras están en el trabajo. La triste realidad es que, a no ser que haya una conducta delictiva de por medio que lo obligue, un psicópata corporate no se va a someter a ningún tipo de tratamiento ni terapia conductual. No va a cambiar. Esto significa que lidiar con un psicópata corporate será un desgaste constante a todos los niveles para todas aquellas personas que tengan que aguantarlo. No hay salvación posible. Así que el único remedio es coger el bolso y marcharse. O, si uno decide que no tiene un lugar mejor donde ir y que puede aguantar (la PNL nos traiciona tantas veces …), es recomendable esquivar al máximo a los psicópatas corporate y montarse la vida laboral lo más paralelamente posible (que no sé yo si es muy realista pensar que eso pueda pasar).
De todos modos, lo realmente inquietante de la psicopatía corporate como fenómeno es plantearse cómo hemos podido llegar a crear entornos organizacionales donde “crecer” o “hacer carrera” esté vinculado a la falta de empatía, la manipulación o la ausencia de remordimientos. Evidentemente, en estos entornos un psicópata corporate se manejará como pez en el agua y tendrá las de ganar siempre. La solución no está en eliminar a los psicópatas. De hecho, los estudios dicen que 1 de cada 200 personas lo es. La solución está en poner el foco en esas otras organizaciones donde no hay hipocresía ni miedo, donde la manipulación y la falta de empatía se denuncian y donde no hay lugar para la psicopatía corporate. Porque esas organizaciones existen. Hablemos de ellas, veamos qué sistemas implementan, visitémoslas y veámoslas por dentro, hablemos con su gente, démosle el micro, repliquémoslas. Dejemos de ensalzar y dar premios marketinianos a las empresas que sabemos que están en manos de psicópatas corporate (porque al final todos los conocemos). Si queremos entornos psicológicamente seguros y solucionar una de las principales causas de mediocridad organizacional, pongamos un cordón sanitario a la psicopatía corporate.
Cada año, en diciembre tengo un desayuno en mi calendario agendado con muchas semanas de antelación para que no falte nadie. Los invitados somos un grupo de amigos que hace varios años coincidimos en la misma empresa y en el mismo equipo y, si bien hace mucho que ya no estamos en esa organización, formamos una comunidad que se mantiene a través del tiempo, del espacio y de las carreras de cada uno de nosotros. Durante todo el año estamos unidos y en contacto, compartiendo proyectos, recomendaciones, información, noticias, perfiles y algún que otro salseo. En resumen, seguimos trabajando juntos de un modo u otro así que, cuando quedamos físicamente una vez al año, es como si nos hubiésemos visto la semana pasada. Lo que mantiene a esta comunidad unida, activa y próspera es que siempre hablamos de hoy y de mañana, pero nunca del ayer. El pasado es simplemente un espacio temporal donde nos conocimos, pero no lo que determina nuestra relación, que siempre mira al futuro desde el presente. Y es que, en realidad, es muy difícil construir algo sostenible que se alimente principalmente del pasado y de narrativas con un deje nostálgico.
Cuando esto lo vemos en clave empresarial, en algunas organizaciones detecto un comportamiento que es una paradoja: miran hacia el ayer para construir su hoy y su mañana. Y cuando digo “miran hacia el ayer” no quiero decir que reflexionen sobre su legado y su esencia, no. Quiero decir que se remiten a prácticas nostálgicas y recurren a viejas glorias para solucionar desafíos del presente y del futuro. Con esta idea en mente desempolvan herramientas y modus operandi que hace veinte o treinta años dieron resultado. Obedecen a consejeros externos que hace décadas lo petaron con sus empresas (hoy cerradas o vendidas a un fondo) y se dedican a repetir una y otra vez los consejos que les funcionaron entonces (muchos de esos consejos ya no tienen sentido en el mundo actual y algunos incluso han dejado de ser legales, pero estos consejeros trasnochados ni lo saben). Contratan a proveedores (recomendados por las viejas glorias) que llevan 40 años haciendo lo mismo y con las mismas herramientas y enfoques. Y más prácticas por el estilo. El resultado siempre es igual: estrategias y propuestas con una pátina desfasada y rancia que no aportan una solución real, práctica y sostenible. Así que, al final, la organización se queda peor de lo que estaba: con unas herramientas inservibles, habiendo gastado dinero en consejeros y expertos obsoletos y con la gente desorientada (un verdadero drama para el negocio).
No nos perdamos en nostalgias y confiemos en la lógica: es imposible construir hacia adelante cuando continuamente se está mirando hacia atrás. Utilicemos nuestro sentido común y, si queremos prosperar, pongamos nuestra vista en el hoy y en el mañana, sin prestar atención a las viejas glorias.
Se acaba el año y, miremos donde miremos, parece que el mundo se haya vuelto loco. Que vivimos en un escenario con desafíos tremendos a múltiples niveles es algo que sabemos todos. Cómo decidimos trabajar con estos desafíos es algo que tiene mucho que ver con la narrativa que queramos escuchar y adoptar. Siento como si estuviésemos en el punto más álgido de una corriente donde la polarización y la confrontación son (o alguien quiere que sean) la norma. La crispación que resulta de todo esto deja a la sociedad y a las organizaciones desenfocadas, atrapadas en debates estériles, paralizadas, desesperanzadas y temerosas de algo que algunos dicen que pasará. Pero en estos momentos es cuando, más que nunca, debemos desengancharnos del gpt de turno y utilizar ese precioso recurso humano que todos tenemos: el pensamiento crítico.
Jim Dator dice que no existe un único futuro, sino tantos futuros como seamos capaces de imaginar (muchas gracias, Elisabet Rosselló). En un mundo donde todo está patas arriba y donde lo más impensable puede pasar (para bien o para mal) no tiene demasiado sentido escuchar predicciones, todas ellas sesgadas, que nos hacen pensar que existe un futuro predeterminado e inexorable que debemos aceptar resignadamente. De hecho, el futuro se construye día a día, en el presente. Se construye en base a las pequeñas elecciones cotidianas que realizamos y que creemos que no tienen impacto porque nos han hecho pensar que nosotros no somos nadie y lo que hacemos no importa. Por supuesto que importa. Importa en qué red decides estar o no. Importa si decides compartir o no ese comentario que reparte hate aunque a priori parezca un chiste. Importa en qué o quién decides gastar tu dinero y tu tiempo. Importa a quién decides dar tu like y qué implica eso. Da igual desde qué prisma lo veamos (como trabajador, como ciudadano, como vecino, como consumidor, como usuario, …), nuestras pequeñas acciones van en un sentido u otro: o alimentan a la bestia que habla de ese futuro predeterminado que alguien ha decidido por nosotros y que debemos acatar porque aparentemente no hay otra cosa o nos hacen tejer nuevos futuros posibles donde participamos todos ya que todos ocupamos nuestro espacio en este mundo.
Teniendo en cuenta este escenario, en el 2025 elijo continuar tejiendo nuevos futuros desde mi parcela, de manera incansable, sin épica pero con consistencia. Y celebro que cada día, en mi camino, me voy encontrando con cada vez más personas conscientes del momento clave en el que vivimos y que contribuyen a nivel social y organizacional para crear futuros mejores para todos y entre todos, futuros donde nadie se quede atrás. Porque, al fin y al cabo, prosperar es esto. Así pues, os deseo un próspero 2025, comunidad shaker! Mil gracias por construir juntos!
Antes de verano viví la cara y la cruz de un proceso de facturación con dos clientes. El cliente “cara” era nuevo y, antes de realizar el servicio, la persona que se iba a encargar de gestionar mi factura se puso en contacto conmigo, me explicó el proceso de facturación, se disculpó porque era muy complejo y, con una amabilidad exquisita, me acompañó, a través de varios mails, a lo largo de todo el viaje de darme de alta como proveedora, con todas las firmas y envíos de documentos necesarios para ello. El cliente “cruz” era un caso distinto: tenía pendiente abonarme una factura de una sesión que había realizado hacía varios meses. Como en el momento de enviar la factura, meses atrás, me confirmaron su recepción y no me solicitaron nada más, entendí que procedían a iniciar las gestiones para su pago. Pasados más de seis meses, les contacté por mail para saber el estado de la factura. La persona que a priori era responsable de gestionarla no me contestó ni uno de los numerosos mails que envié (uno por semana, durante varias semanas) y cuando, preocupada por el ghosting en toda regla que estaba recibiendo, contacté directamente a la persona que había contratado mi servicio (que no era la misma que gestionaba la factura), me habló de “temas con procesos internos” y ella misma se encargó de tramitar el pago siguiendo un proceso paralelo. Jamás supe por qué la factura no se había pagado en el plazo adecuado ni si yo tendría que haber hecho algo distinto. La moraleja de todo esto es que existen personas que hacen que las cosas pasen A PESAR de los procesos y otras personas que, simplemente, se escudan en los procesos y no se molestan en actuar (ni en responder los mails de los proveedores).
Todos nos hemos quejado infinitas veces de procesos y herramientas. Yo la primera. Según Jung, tengo una tendencia a la extroversión y a la emoción que me hace sentir cierto rechazo hacia lo procedimentado. A pesar de ello reconozco que, a ciertas alturas, establecer un proceso o implementar una herramienta determinada puede ser de gran ayuda en una organización. Sin embargo, estaremos todos de acuerdo en que diseñar buenos procesos o implementar herramientas y softwares realmente útiles y fáciles de usar es todavía una de las asignaturas pendientes del enmarañado mundo corporate actual. Precisamente por eso no me espero demasiado de procesos ni de herramientas, pero sí me lo espero de las personas que los usan. Quizás no tienes la opción de NO USAR ese proceso o herramienta, pero sí la tienes de decidir cómo usarlo o cómo anticiparte a los problemas para que al final se consiga un resultado positivo y las cosas salgan adelante. Cuando veo personas que se encogen de hombros y hacen que las limitaciones de procesos y herramientas se conviertan en su excusa para que las cosas no pasen pienso en el enorme coste, económico y reputacional, que representan para su organización. Y también pienso en lo terrible que debe ser para sus compañeros trabajar con alguien así.
Tal como están las cosas en la actualidad, ninguna organización debería permitirse tener a personas que no utilizan su cerebro mientras trabajan y creen que la esencia de su trabajo es ceñirse al proceso. Bueno, tampoco debería permitirse tener procesos mal diseñados. Pero eso ya sería otro post.
Hace unos meses, me invitaron al podcast de un famoso SaaS de recursos humanos para hablar sobre gestión del talento y qué herramientas deberíamos usar. Como es habitual en mi discurso, comenté la urgencia de dejar atrás la vieja evaluación (más…)
El otro día, compartiendo una sesión de evolución organizacional con un grupo de estudiantes nacidos en el 95, les comentaba que todo “cambio” o “transformación” real sucede, en esencia, de abajo a arriba. Es decir, nace en la primera línea y va ascendiendo (más…)