Viejas glorias

Cada año, en diciembre tengo un desayuno en mi calendario agendado con muchas semanas de antelación para que no falte nadie. Los invitados somos un grupo de amigos que hace varios años coincidimos en la misma empresa y en el mismo equipo y, si bien hace mucho que ya no estamos en esa organización, formamos una comunidad que se mantiene a través del tiempo, del espacio y de las carreras de cada uno de nosotros. Durante todo el año estamos unidos y en contacto, compartiendo proyectos, recomendaciones, información, noticias, perfiles y algún que otro salseo. En resumen, seguimos trabajando juntos de un modo u otro así que, cuando quedamos físicamente una vez al año, es como si nos hubiésemos visto la semana pasada. Lo que mantiene a esta comunidad unida, activa y próspera es que siempre hablamos de hoy y de mañana, pero nunca del ayer. El pasado es simplemente un espacio temporal donde nos conocimos, pero no lo que determina nuestra relación, que siempre mira al futuro desde el presente. Y es que, en realidad, es muy difícil construir algo sostenible que se alimente principalmente del pasado y de narrativas con un deje nostálgico.

Cuando esto lo vemos en clave empresarial, en algunas organizaciones detecto un comportamiento que es una paradoja: miran hacia el ayer para construir su hoy y su mañana. Y cuando digo “miran hacia el ayer” no quiero decir que reflexionen sobre su legado y su esencia, no. Quiero decir que se remiten a prácticas nostálgicas y recurren a viejas glorias para solucionar desafíos del presente y del futuro. Con esta idea en mente desempolvan herramientas y modus operandi que hace veinte o treinta años dieron resultado. Obedecen a consejeros externos que hace décadas lo petaron con sus empresas (hoy cerradas o vendidas a un fondo) y se dedican a repetir una y otra vez los consejos que les funcionaron entonces (muchos de esos consejos  ya no tienen sentido en el mundo actual y algunos incluso han dejado de ser legales, pero estos consejeros trasnochados ni lo saben). Contratan a proveedores (recomendados por las viejas glorias) que llevan 40 años haciendo lo mismo y con las mismas herramientas y enfoques. Y más prácticas por el estilo. El resultado siempre es igual: estrategias y propuestas con una pátina desfasada y rancia que no aportan una solución real, práctica y sostenible. Así que, al final, la organización se queda peor de lo que estaba: con unas herramientas inservibles, habiendo gastado dinero en consejeros y expertos obsoletos y con la gente desorientada (un verdadero drama para el negocio).

No nos perdamos en nostalgias y confiemos en la lógica: es imposible construir hacia adelante cuando continuamente se está mirando hacia atrás. Utilicemos nuestro sentido común y, si queremos prosperar, pongamos nuestra vista en el hoy y en el mañana, sin prestar atención a las viejas glorias.