El equipo-community

Hace unas semanas, estaba en Barcelona cenando con personas muy queridas con quien coincidí en el mismo equipo-community en mi última etapa como corporate. Hace más de dos años que nos disolvimos como equipo “formal”. Ninguno estamos ya en la empresa en la que coincidimos. Pero mantenemos los mismos canales y frecuencia de comunicación, estamos al día de lo que hacemos todos, filosofamos y compartimos igual y mantenemos los mismos códigos de equipo. Todos ellos ocupan actualmente posiciones de HRD en empresas de referencia dentro de su sector y, a su vez, están creando sus equipos-community. Y, hablando con perspectiva de nuestra etapa juntos en aquella empresa, llegamos a una conclusión: la fuerza de los equipos-community depende sólo de las personas que los forman, ya que siguen vivos y trabajan juntos aunque no estén en la misma organización.

Tanto en mi vida corporate como en mi vida como emprendedora, he tenido el placer de formar parte de este tipo de equipos y, para mí, es algo adictivo. Los equipos-community están unidos por un propósito común que se convierte en leitmotiv del universo que van a crear. Los perfiles que lo integran son diversos, vienen de trayectorias profesionales distintas, viven en ciudades o países distintos e incluso tienen planteamientos políticos distintos … Pero les mueve una convicción profunda en la causa que les une y la voluntad y capacidad de hacer que las cosas pasen. No necesitan un líder (palabra manida y sobreutilizada), ya que funcionan como un organismo que se auto-regula y gestiona naturalmente. Puede ser que alguien del equipo asuma el rol de rostro visible, pero siempre será eso, la voz pública del equipo. No existe dinámica, libro ni curso para construir un equipo-community. Sólo necesitas personas con un propósito común.

Los equipos-community crean, efectivamente, un movimiento sostenible. Con un lenguaje propio, con un código, con un estilo de trabajo y con unos resultados. Y, lo que hace grande este tipo de equipos es la generosidad con que contribuyen en interno, se abren y comparten el fruto de su trabajo con el resto, ampliando la comunidad. Porque lo que caracteriza por encima de todo a un equipo-community es la capacidad de construir en positivo. En la inmensa mayoría de casos su entusiasmo es contagioso y consiguen hacer un “click” en la organización.

Pero también es cierto que, en algunas ocasiones (por suerte, pocas), hay cambios en el entorno donde trabaja el equipo-community. Aparecen intereses distintos o modos de hacer contrarios a la filosofía que representa su propósito. Por incongruente que pueda parecer en pleno siglo XXI, lo cierto es que las organizaciones tienen derecho a involucionar si de repente lo consideran necesario (todavía no tengo muy claro el porqué de estas decisiones, pero es evidente que pasa).

Y aquí sucede algo igualmente grandioso. Los integrantes del equipo-community, fieles a su propósito, honestos, auténticos y genuinos, van abandonando paulatinamente ese entorno. Es un acto valiente e imprescindible, ya que no ser honesto con uno mismo significa perder tu autenticidad. Y si no eres auténtico no puedes construir nada en positivo, que es una fuerza que prevale a quedarse en una organización cuyos principios no compartes. Así pues, con ellos se llevan ese savoir faire. Les pertenece a ellos, no a la organización (que ha actuado de mero decorado). Y dicha organización, sin esas personas, perderá esas best practices que tan buenos resultados aportaron. Pero es su elección.

Como no puede ser de otra manera, cuando los integrantes de un equipo-community lleguen a otro entorno, juntos o por separado, conectarán con otras personas que compartan su propósito y se generará un nuevo equipo-community. De este modo, se va creando una red con infinidad de puntos. Porque, además del impulso creativo, el propósito proporciona una resiliencia que mantiene el entusiasmo intacto. Y así es como, día a día, sin mirar atrás y disfrutando de las nuevas personas que se suben al tren, los equipos-community consiguen ir cambiando el viejo status quo.

1Comentar
  • Mónica

    15 noviembre, 2018 at 1:51 pm Responder

    Gracias Emma por tu reflexión. En la valentía de dar el paso y dejar atrás ese “decorado”, en ocasiones aparece el vértigo a lo desconocido y gracias a las conexiones de ese equipo “universal” hay como una tela de araña invisible que sostiene más allá de lo profesional. Para mí esta es la magia de la VIDA.

    Un abrazo.

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