Armario cápsula

Cuando emprendí, una de las primeras cosas que hice fue librarme de más de dos tercios de mi armario. Tras más de 20 años trabajando en el mundo de la moda tenía prendas de todo tipo, para cada ocasión, en todos los estampados y tejidos imaginables. Hacerme la maleta en mi época corporate (algo que me tocaba hacer cada semana) era un quebradero de cabeza: conjuntar complementos, no repetir prendas, asegurarme de que todo era de temporada … Pero cuando empecé a viajar como entrepreneur, todo cambió. La mayor parte de esa ropa iba quedando en el fondo del armario y las prendas que rotaban sin parar cada semana (porque al final sigo viajando, pero con otra dinámica) eran las básicas y esenciales, las que combinan con todo, las que sirven para ir del avión a una sesión, las que están impecables sin plancha. Abracé el concepto “armario cápsula” alegremente, convencida de que el “menos es más” es esencial para avanzar a buen ritmo. Y pienso en mi armario cápsula cada vez que veo el caótico entramado de procesos, procedimientos y herramientas que existe en infinidad de organizaciones.

¿Cuántos procesos o herramientas nos dan realmente servicio en el día a día dentro de nuestra empresa? Curiosamente, el otro día preguntaba en una sala llena de personas dedicadas a dirigir equipos de HR si volverían a implementar un famoso software que tenían en casi todas sus organizaciones y al unísono respondieron que no. Los armarios de muchas empresas son incluso más complejos que el de mi época corporate: herramientas sofisticadas que han tardado años en implementar y de las que se aprovecha un 30%, procesos que alguien creó hace siglos y que nadie entiende por qué se siguen usando, software comprado aquí y allá para cubrir temas que la herramienta sofisticada no soluciona, licencias de un SaaS que se utilizó solamente cuando alguien quiso implementar agile a marchas forzadas en la empresa, … Existe un alto nivel de síndrome de Diógenes corporativo en lo que a herramientas y procesos se refiere, lo que a menudo degenera en un entorpecimiento (incluso parálisis) operativo importante.

La solución es sencilla: abrir el armario y preguntar qué beneficio aporta cada software, cada herramienta y cada procedimiento. Por qué se creó o compró, para qué usuario final y en qué le facilita su trabajo. Si alguien creó un proceso sin conocer la realidad de su usuario final, peligro. Si una herramienta se compró porque alguien la utilizaba en su anterior trabajo, peligro. Si un software se instaló porque en la empresa de al lado lo tenían, peligro. A menudo veremos que, para puentear lo farragoso de ese armario, la gente acaba utilizando soluciones más simples, más accesibles o más cotidianas, que son las que deberían configurar, en realidad, el verdadero armario cápsula de esa organización.

Así que no es necesario que lo procrastinemos más. Deshagámonos de lo que no nos da servicio y nos ralentiza. De hecho, llevamos mucho tiempo deseando hacerlo.

No Comments

Post a Comment

Únete a la
COMUNIDAD SHAKER
¡Estaré encantada de mantenerte al día!
APÚNTATE
close-link