Poder, afiliación o logro

Soy una emprendedora afortunada porque todos mis meses son muy intensos (toco madera), pero julio lo ha sido más: ha estado lleno de proyectos last minute. Clientes, sobre todo nuevos, querían irse de vacaciones con una propuesta presentada a dirección para empezar en septiembre. Y contactar con tantos clientes nuevos en un periodo tan corto de tiempo me ha hecho reflexionar.

Es muy curioso el modo en el que empiezas una relación con una compañía, independientemente de su tamaño o sector. El contexto en el que recibo una petición de proyecto (más allá de la urgencia, que una viene del fast fashion y ya estoy acostumbrada a trabajarlo todo como si fuese para anteayer) me da mucha información sobre el ADN real de la organización, el tipo de personas con las que voy a colaborar, el tono que tendrá el proyecto y, sobre todo, cuál es su propósito auténtico (y eso me puede llevar a aceptar o no un cliente o un proyecto). Y siempre pienso cuánta razón tenía McClelland con su teoría de la motivación humana.

Hay peticiones de proyectos que se desarrollan sobre una base de poder. Existe un aire solemne en el tono, múltiples partners emiten sus opiniones, “la propuesta debe escalarse” y el objetivo del proyecto es “declinar un mensaje” (lo cual ya lleva implícito un concepto “arriba y abajo”). Si bien nadie cuestiona la expertise, sí es cierto que todo el mundo quiere saber en detalle qué se dirá y cómo. La información que se facilita para diseñar la propuesta está calibrada y medida. Y el nombre del proyecto muchas veces es más determinante que el impacto que éste va a tener a posteriori (no me malinterpretéis: soy una gran fan del naming. Pero soy más fan de que los productos se consoliden y la organización pueda mantenerlos sin mí cuando finalizo el proyecto).

Otras peticiones tienen un marcado carácter afiliativo. Son, simplemente, para que la gente se conozca o para que se lo pase bien en un evento. O una recompensa. Para que refuercen lazos porque sí. Aquí nadie pregunta demasiado sobre la metodología o lo que se explicará. Lo importante es pasarlo bien y, si se aprende algo, mejor.

Mis proyectos preferidos son los que están motivados por el logro. Quien me pide la propuesta tiene una necesidad cuya solución está vinculada a una metodología o expertise que ellos, como organización, no poseen pero que intuyen que necesitan aprender para hacer que las cosas pasen. Piden conocerte en persona para explicarte con todo lujo de detalle la situación y el punto de partida. Te abren las puertas de la organización para que puedas conocer a distintas personas que comparten con toda transparencia sus puntos de vista para que puedas proponer, realmente, un proyecto a medida. La voluntad de construir y conseguir un objetivo de modo sostenible está presente ya desde el primer contacto con el cliente. Y estos proyectos son mágicos. Y mis favoritos, claro. El único riesgo es que, a veces, cuando estoy en pleno proyecto, puedo olvidarme de que soy una colaboradora externa y tengo que repetirme: “No son mis compañeros, son mis clientes”. Pero bueno, supongo que es la parte corporate que sigo llevando dentro. Un riesgo asumible.

2 Comments
  • David

    16 agosto, 2018 at 8:35 am Responder

    Hola Emma,

    Participé en una colaboración motivada por el logro, y para mi fue una gran oportunidad poder expresarme en la creación de un producto que me apasiona muchísimo.

    Ademas guiado por ti… En esos dos dias me traje muchisimos conceptos y sobre todo tu manera sublime de guiarnos y motivarnos sin nisiquiera darnos cuenta hacia el objetivo.

    Además también me traje esas micro master class que llamabamos sprint en las que nos dabas todos los conocimientos herramientas para seguir avanzando.

    Gracias Emma!!

  • Luis David Rivera

    16 agosto, 2018 at 12:44 pm Responder

    Excelente reflexión compañera. Y ahora que lo has vinculado con McClelland muy acertada. Muchas gracias!!

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