La Cosa Nostra

Justo cuando pensaba que ya lo había visto todo en el mundo empresarial, hace un par de semanas me contaron el grotesco caso de una organización que ha prohibido que las personas que se desvinculan de ella envíen mails de despedida a los compañeros que se quedan. ¿Por qué este tipo de mails puede llegar a dar miedo a una compañía? O, dicho de otro modo, ¿qué asusta a las personas que utilizan el miedo para gestionar sus empresas?
A estas alturas todos sabemos que el miedo es una herramienta muy poderosa para manipular comportamientos y, desgraciadamente, un sector empresarial no es ajeno a ello. En su libro Reinventar las organizaciones, Frederic Laloux define este tipo de compañías como las que están en el nivel evolutivo más bajo y las identifica con el color rojo. Las organizaciones rojas son las que usan el miedo para controlar y donde existe un código no escrito de lealtad y sumisión que marca la pauta. Como si de un capítulo de The Sopranos se tratara, por esta empresa desfilan todos los típicos personajes de un entorno mafioso: capos, soldados, capitanes, amantes, consiglieri, … Los órganos de poder están compuestos por individuos cuyo mérito no es más que el de estar cerca del capo de una manera u otra. Casi todos ellos han vendido su alma al diablo para conseguir esa cercanía con el poder. Como en las películas, estas empresas utilizan la extorsión, pero en este caso no es sobre comerciantes atemorizados, sino sobre los propios trabajadores. Esta extorsión se alimenta de una narrativa repleta de frases como “en ningún sitio te van a pagar como aquí”, “estás en esta posición gracias a mí”, “fuera hace mucho frío” y similares que, gradualmente, van empequeñeciendo a las personas, que al final acaban desprovistas de toda autenticidad y capacidad de tomar decisiones sobre sus propias carreras y perdiendo la visión de la magnitud real de lo que las rodea. En estos ecosistemas, las áreas de recursos humanos se convierten en meras ejecutoras de la voluntad de la dirección y su actividad se centra principalmente en seleccionar sin descanso para suplir la altísima rotación que tienen este tipo de empresas.
¿Qué es lo que más asusta a los órganos de poder de las organizaciones rojas? Sin duda, la gente que no tiene miedo y que no entra en ese juego. Las  personas que deciden ser honestas con ellas mismas, que no aceptan el chantaje y que no se creen la narrativa de terror y de épica tejida por los que gestionan la compañía (quienes, además, no son nadie fuera de esas cuatro paredes). Las personas que no tienen miedo o bien se van o bien son expulsadas por el sistema (de ahí la alta rotación), que necesita desesperadamente aferrarse al miedo de los trabajadores para mantener su modelo ancestral.
¿Qué posibilidades de prosperar tienen las organizaciones rojas? Pues, actualmente, ninguna.
Basta con echar un vistazo a sus libros de cuentas para comprobar que tienen que hacer verdaderos malabarismos financieros para que les cuadren los resultados. En un momento como el que vivimos hoy, solo las organizaciones capaces de crear entornos psicológicamente seguros, donde su comunidad de cliente interno (las personas que trabajan en ellas) se siente apoyada para participar, colaborar, contribuir e innovar con tolerancia y autenticidad son las que están tirando hacia adelante. ¿De verdad alguien cree que una empresa que prohíbe enviar mails de despedida va a despuntar en el mercado? Por favor, que estamos en el siglo XXI.

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