Escapistas

Hay ocasiones en las que un área de una organización no va bien o está encallada y no sabemos decir por qué. La persona de confianza que está al frente de esa área nos presenta propuestas, nos cuenta sus vicisitudes para sacar el área a flote, apunta posibles motivos o personas que pueden ser la causa de la situación, emprendemos acciones… Pero nada surte efecto. Pocas veces pensamos que el problema de esa área puede ser, precisamente, esa persona. Tenemos tan buen concepto sobre él o ella que ni nos pasa por la cabeza que puede ser lo que yo llamo un/a escapista.

Los escapistas son perfiles que me encuentro en todos mis proyectos, sin excepción. Su código de conducta es siempre el mismo. Cuando empiezo, se acercan a mí y se ofrecen para contarme “lo que pasa de verdad en la empresa”. Me explican largo y tendido los problemas que tienen para que sus responsables les escuchen y les entiendan, la cantidad de propuestas que han presentado para solucionar los problemas de su área, lo incomprendidos que son por parte de sus colegas, que nunca les secundan ni adoptan los procesos que ellos proponen. Se presentan como perfiles abnegados, luchadores, protectores de su equipo y grandes conocedores de la cultura y el estilo de la casa (en muchos casos llevan años allí dentro). Quizás su discurso puede convencer a un tipo de colaborador externo que trabaje sólo a nivel estratégico o táctico y que no vaya más allá de interacciones puntuales. En mis proyectos, sin embargo (y para desgracia de los escapistas) gran parte de mi tiempo lo paso en la operativa (online, offline o ambos), que es la única manera que existe para tener claridad sobre el impacto de las personas y su nivel de contribución en el negocio. Aquí es donde veo qué hay de realidad en el discurso de bienvenida que me ha dado el escapista y a qué corresponden las supuestas propuestas brillantes que formaban parte de un powerpoint que me ha enseñado. Aquí es donde voy atando cabos entre su historia y lo que sucede de verdad. Y aquí es donde el escapista, confrontado con la realidad, lanza su bomba de humo y se aleja de mí. Debo confesar que, al principio, yo era algo naïf e interpretaba que mis hallazgos en la operativa serían una ayuda para que esa persona (que yo a priori no identificaba como escapista) pudiese, por fin, solucionar esos problemas encallados e intentaba incansablemente involucrarle. Pronto comprendí que lo que yo hacía no era solucionarle la vida al escapista: quizás habíamos encontrado la solución un problema operativo, pero también le había fastidiado su modus vivendi.

Escudados en el lema “la mejor defensa es un buen ataque” y rodeados de un aura de  profesionalidad-experiencia-confianza, los escapistas irán pasando sus días dejando más y más encallados los problemas y saliendo indemnes. La manera de desactivarlos es evidente y fácil: ir en persona a ver qué sucede (lo que en mi amado Toyota Production System se llama genchi genbutsu). El resto es automático. Dejar la estrategia y la táctica de lado por un momento y acercase a la operativa tiene estas recompensas.

2 Comments
  • Matilde Beneyto

    28 septiembre, 2020 at 10:40 am Responder

    Hola Emma!, comparto tu punto de vista y me encantaría ahondar más en la metodología que utilizas precisamente después de escuchar y ver lo que sucede en la operativa, para convencer a la estrategia de que hay otra manera de hacer las cosas alternativa a la de los escapistas.
    Muchos saludos!
    Matilde

  • Caco Martín

    29 septiembre, 2020 at 11:09 am Responder

    Hola Emma, es cierto lo que dices, personalmente me he encontrado este perfil de personas tanto como compañeros de labor como parte de proyectos. Cuando reconoces el perfil, estas mismas personas se delatan.

    Gracias por escribir sobre ello!

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