Épica vs Claridad

El otro día, preparando material para una sesión de storytelling, volví a ver unos capítulos de Juego de Tronos, una joya de la narrativa. En la historia que relata la serie, las principales dinastías de unas tierras lejanas están sumidas en suspicacias varias y sangrientas batallas para conseguir (o mantener) el trono mientras que, al otro lado de un colosal muro situado en la zona más extrema al norte, está creciendo algo inquietante y devastador. Por más que a medida que avanza la historia ciertas voces van avisando de la amenaza, la épica de la lucha por el trono mata la claridad de la evidencia de que algo terrible va a suceder si no se pone remedio. La trama de Juego de Tronos encierra un paralelismo muy fácil de trasladar al momentum que están viviendo un gran número de organizaciones desde hace algún tiempo (incluso desde bastante antes del 2020): la épica elimina la claridad.

No me malinterpretéis. Adoro la épica. Soy de letras puras, hice clásicas en el instituto y me sabía de memoria párrafos de la Odisea y la Ilíada, quintaesencia de este tipo de narrativa. Los dramáticos e intensos relatos heroicos cautivan de inmediato el cerebro reptiliano de la audiencia.  La épica, de hecho, es un género tan antiguo como el mismo arte de contar historias, que es algo que, como muy bien explica Yuval Noah Harari en Sapiens, los seres humanos llevamos haciendo desde hace 70.000 años. Administrada en dosis adecuadas, la épica alimenta la publicidad, el cine, el arte, la literatura o la comunicación corporativa. El único (y terrible) problema de la épica es si se usa en exceso, ya que la grandilocuencia y brillantez del relato subyuga tanto a nuestro cerebro que nos hace perder toda claridad.
Actualmente, la épica se nos ha ido de las manos y se ha apalancado en nuestro día a día. Por desgracia, su fulgor nos deja ciegos a lo evidente en muchas ocasiones y se convierte en un elemento que consigue justificar lo que nuestra lógica no justificaría. La épica hace creer a una startup que la gloria es “levantar” una cantidad de dinero determinada en una ronda de inversión, cuando en realidad existen otras maneras de crecer sin caer en el canto de sirenas que representa el mantra “scale up, scale up, scale up”. La supuesta gloria de levantar dinero ciega la evidencia de que, muy a menudo, conseguir una inversión y expandirte no va a significar prosperar o que tu negocio sea sostenible. De hecho, muchas veces, lo que hace es marcar el principio del fin: en muchas ocasiones, cuando las startup reciben la inversión, se lanzan a crecer de manera impulsiva olvidando su propuesta de valor. Y cuando esto pasa, empieza la cuenta atrás.
En el caso de las empresas de gran tamaño, la épica corporate les hace creer que la realidad de una organización es la que determinan sus organigramas, sus estructuras, sus reuniones, sus cuentas de resultados y los reportajes que la prensa especializada de turno puede llegar a escribir sobre ella. Si se sucumbe a esta épica, la organización se convierte en una especie de centrifugadora donde todos sus elementos giran aceleradamente y sin llegar a un lugar concreto, mirando hacia el ombligo de la empresa, como si fuese la única realidad posible. La épica mantiene la centrifugadora en marcha e impide que la organización vea qué hay más allá de esas vueltas que está dando. Cuando, ahí fuera, aparece algún elemento que cambia el escenario, encontrará a la organización girando como una peonza. Pasará un tiempo hasta que llegue a darse cuenta de la situación real y pueda calibrar con claridad el alcance de la nueva coyuntura. Y entonces puede ser ya demasiado tarde.

En todos los aspectos, pues, la épica puede crear relatos delirantes que llegan a justificar decisiones absurdas que, si aplicásemos la lógica, veríamos que no tienen sentido. Sin ir más lejos, el otro día me enteré de unos premios que, para postularte, tienes que pagar. Su relato está tan bien montado y apela a emociones tan básicas que cada año se apuntan cientos de personas candidatas (previo pago por su candidatura, por supuesto) y lo cuentan orgullosas en sus redes. Tal es la magnitud de la tragedia.

Así pues, es el momento de plantearnos, como seres humanos que habitamos el mundo del siglo XXI y con más acceso que nunca a fuentes de conocimiento, qué nos aporta realmente que nuestro cerebro reptiliano sea un esclavo eterno de la épica. Ojalá el pensamiento crítico nos ayude a usarla para disfrutarla con claridad, no para sucumbir a ella.

No Comments

Post a Comment

Únete a la
COMUNIDAD SHAKER
¡Estaré encantada de mantenerte al día!
APÚNTATE
close-link
porn - porn - porn - porn - porn - porn - porn - porn - porn - porn
porn - porn - porn - porn - porn - porn - porn - porn - porn - porn
porn - porn - porn - porn - porn - porn - porn - porn - porn - porn
porn - porn - porn - porn - porn - porn - porn - porn - porn - porn
porn - porn - porn - porn - porn - porn - porn - porn - porn - porn - porn
porno masturbation femmes animeauxxvedio.bizxhamaster.bizdesisexvideos.codesiporn.watchxvideo2.bizxsextube.copornporno