Desde dentro

El otro día leía este revelador artículo (mil gracias por compartir, José Miguel Moreiro!) donde la profesora de Comportamiento Organizacional del INSEAD Li Huang explica cómo un entorno incómodo estimula la creatividad. Habituado en general a su famosa zona de confort, el ser humano no siente la necesidad de hacer nada distinto a lo que está acostumbrado a menos de que exista una disrupción (normalmente externa) que le obligue a cambiar.

Evidentemente, con la mayoría de organizaciones sucede lo mismo. A pesar de llevar años hablando de transformación, invirtiendo en proyectos y departamentos de innovación y de ver hasta la saciedad la palabra VUCA escrita en docenas de presentaciones, en realidad todo el mundo empresarial andaba sumido en sus propias corporate politics (cuya intensidad acostumbraba a ser directamente proporcional al tamaño y facturación de la empresa en cuestión). Todo lo vinculado al concepto “transformación, innovación, cambio” acostumbraba además a externalizarse, como si fuese una “tarea” que iba a ejecutar alguien de fuera, como si no pudiese llevarse a cabo desde dentro. En un entorno donde todo hasta la fecha había ido más o menos siguiendo las previsiones realizadas según modelos del siglo XX, con algún que otro bajón de facturación que se solucionaba (al menos en apariencia) con un parche aquí y otro allí o lanzando un proyecto de eficiencia cortoplacista (que en la mayoría de los casos recortaba la línea de coste que no tendría que recortar), ¿qué necesidad urgente había de pensar y actuar desde dentro de un modo distinto? El funcionamiento por inercia hacía que las organizaciones estuviesen instaladas en una especie de sonambulismo del cual solo algún acontecimiento inesperado podía hacerlas despertar.

La gran disrupción externa ha desnudado a las organizaciones. En este momento la solución no se encuentra yendo de despacho en despacho, ni haciendo powerpoints ni contratando un informe. Tampoco se arregla comprando una campaña de publicidad (qué cansino es ver actualmente el mismo storytelling en todas las campañas, sean de lo que sean). Ahora es necesario de una vez por todas recurrir a la autenticidad y a la esencia de la organización: sus personas. Es el momento de hacer que nuestra gente, sin importar seniority o departamento, no sean una masa de followers, sino individuos cuya creatividad y talentos personales no se utilicen solo en sus redes sociales, sino que contribuyan a la construcción colectiva de la mejor versión de nuestra organización: una organic-zación donde cada cabeza cuente y donde no solo piensen y decidan las cabezas que están sentadas en la estrategia. La gran disrupción externa nos hace mirar hacia adentro. No nos limitemos a mirar. Actuemos desde dentro.

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