Bambú vs Acero

Durante estos días me acuerdo muchísimo de la primera vez que pisé Hong Kong. Era el año 2000 y una de las cosas que más me sorprendió en aquella ciudad alucinante donde a las 8 de la tarde los rascacielos de Central hacían su propio show con todo tipo de iluminaciones era que, precisamente, los rascacielos no se construían con andamios rígidos de acero, sino con entramados de bambú. “Son estructuras mucho más ligeras y flexibles y, por lo tanto, mucho mejores para construir edificios resistentes”, me explicó una persona local. Y, teniendo en cuenta que Hong Kong es la aglomeración urbana más alta del mundo, diría que su autoridad en el tema de la construcción de rascacielos es algo más que contrastado.

En la construcción, la flexibilidad es una fortaleza. Solo tenemos que ver la evolución en el diseño de edificios en las zonas con tendencia a sufrir seísmos. Las estructuras se conciben pensando en los potenciales impactos que recibirán y siendo conscientes que los fenómenos que atacarán cada edificio son de naturaleza dinámica. Así pues, los edificios se diseñan y construyen sabiendo que deberán adaptarse a las fuerzas de la naturaleza a las que están expuestos para sufrir los mínimos daños y, en caso de que éstos se produzcan, que sean fáciles de reparar. Amortiguación, torsión y ductilidad son conceptos claves en el diseño de este tipo de edificios hechos para resistir altos niveles de vibración.

Sería interesante aplicar esta mentalidad al diseño y construcción de organizaciones en un entorno donde es más que evidente que vivimos expuestos a impactos planetarios de todo tipo. La rigidez (de materiales, de diseño, de estructuras) nunca ha ayudado a crear un edificio que tenga más posibilidades de sostenerse ante la adversidad. Tampoco va a ayudar a empresas ni instituciones a ser más longevas ni a dar mejor servicio a su usuario final, más bien al contrario. En el momento de la verdad,  las robustas organizaciones monolíticas se derrumbarán cual castillo de naipes.

Sin duda, es buen momento para olvidar los andamios de acero y echar mano del bambú. No desaprovechemos esta oportunidad para crear organizaciones más flexibles y, a la vez, resistentes.

3 Comentarios
  • Verónica

    2 abril, 2020 at 10:31 am Responder

    Emma me encanta lo que escribes!!!!!
    Deberías escribir mucho más!!!
    Cuídate,
    Verónica

  • Juan Carlos López Cuevas

    2 abril, 2020 at 2:23 pm Responder

    Genial !!!!

  • Lluís Bejiga

    3 abril, 2020 at 9:39 pm Responder

    interesante metáfora.. que nos sirva de guía para todo lo que viene post confinamiento, gracias EMMA, como siempre un placer seguirte.

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