Agile killed the hierarchy star

Si a los creadores del Toyota Production System (TPS) les hubiesen dicho que, décadas después, los fundamentos prácticos y lógicos de su sistema de trabajo darían lugar a un concepto que se convertiría en un mantra aspiracional para las organizaciones, lo más probable es que, precisamente con ese sentido práctico suyo, se hubiesen encogido de hombros y hubiesen pensado que trabajar de un modo distinto a ese es algo absurdo, complicado y poco productivo.

Lo podemos llamar Agile, Lean, TPS … En realidad estamos hablando, en esencia y conceptualmente, de lo mismo: un sistema de trabajo cuyo objetivo es encontrar el camino más corto y menos costoso entre una idea y la concretización de ésta (entendiendo por idea cualquier concepto: desde un producto hasta un proyecto). El entorno agile por excelencia es el de una start up que, en el imaginario de las grandes organizaciones, es ese ecosistema ideal donde todo el mundo hace de todo, impera el sentido práctico y low cost, todos se conocen y aparcan sus egos y donde todo el mundo participa en la construcción de la organización con pasión y propósito, lo que hace más fácil superar los escollos propios de todo proceso creativo. El start up mindset es algo codiciado para una gran organización que, con los años, se ha olvidado de que una vez fue pequeña (aunque quizás entonces no se utilizaba la nomenclatura start up) y que gozaba de una ventaja enorme que hoy ha perdido: estaba al lado de su cliente (tanto interno como externo).

Más de una gran organización confiesa que, actualmente, su competencia no es una organización similar, sino una más pequeña. Con menos niveles de mando, menos estructura, menos costes, menos canales de validación, menos softwares de gestión, menos corporate politics, menos miedo al ensayo-error. Con más cercanía y escucha al cliente externo e interno, con un storytelling más auténtico y creíble precisamente gracias a esa cercanía. Más rápida y eficiente. Más ágil. Como eran ellos antes, cuando, cada uno en su sector, transformaron el mercado y crearon nuevos códigos, productos, reglas o hábitos que no existían antes y que sorprendieron y enamoraron al cliente. Y hoy, el cliente, que ya es otro y tiene otro mapa mental, vuelve a apelar al sentido de la lógica y se dirige hacia las organizaciones que le escuchan y que hacen de ello parte de su propuesta de valor. Y eso, en un momento donde todos los sectores se están retailizando (desde automoción a gran consumo, pasando por bancos, viajes o tecnología) es una ventaja competitiva absoluta.

Nada aleja más a una organización del cliente que la jerarquización. Al final, la distancia entre el cofre donde se guarda la historia, la cultura y el propósito de la organzación (es decir, el ADN que diferencia una empresa de otra) y el cliente final (interno y externo) la marcan los niveles jerárquicos que hay entre ellos. Una de las ideas más esperanzadoras para una gran organización hiperestructurada es la posibilidad de volver a abrazar ese enfoque que antaño tuvo y que, en el devenir de su historia, ha ido perdiendo. Y aquí está la parte sexy del agile. Evoca eso que todos queremos ser o volver a recuperar. Evoca la idea de volver a hablar de tú a tú con el cliente. Pero el camino va mucho más allá de introducir una metodología o un concepto con un workshop o un plan de formación. Para que el agile haga su magia, es necesario crear un atajo estructural que permita llegar más rápido al cliente soñado, tanto interno como externo. Todo proyecto de implantar una cultura agile que no pase por una simplificación de la arquitectura organizacional y todo lo que ello conlleva se quedará en eso, en un proyecto. Y en un coste, claro.

4 Comments
  • marieta

    16 abril, 2018 at 8:55 am Responder

    Me encanta este post, Emma¡¡¡
    Lo pequeño se hace más cercano, humano, acogedor…como una pequeña panadería, como un pueblo o una pequeña ciudad donde las personas puedan desarrollar su identidad como tal, y donde serlo signifique algo. Esto supone un gran reto para las grandes organizaciones y también para las grandes ciudades, hacerlas mas humanas y habitables donde la colaboración sea la clave para crecer.

    • Emma

      18 abril, 2018 at 11:41 pm Responder

      Totalmente de acuerdo, Marieta! Proximidad y colaboración son las claves.

  • Angel lobo

    16 abril, 2018 at 5:05 pm Responder

    Hola Emma.
    Estoy totalmente de acuerdo con tu mensaje y concretamente con tu frase de que “nada aleja más a una empresa de su cliente que la jerarquización”.
    Aparte de ralentizar a la empresa con numerosos filtros y niveles de autorización, ésto mismo limita el talento interno de sus miembros, al verse obligados a que sus aportaciones queden encorsetadas entre el cumplimiento de los procesos internos y siempre requieran de la validación de los superiores, lo cual limita per se la creatividad.
    Las organizaciones super-estructuradas hacen que se mire más “hacia dentro” para seguir los canales oficiales que establece cada dpto. Y linea jerárquica que hacia afuera, es decir, hacia el cliente.

  • Emma

    18 abril, 2018 at 11:44 pm Responder

    Exacto, Ángel! El talento huye cada vez más de la jerarquía, ya que no permite contribuir con sentido.

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