Me rediseño, luego existo

Era agosto del 2011 y yo estaba en Washington por temas académicos. Una noche, con unos cuantos compañeros de aula, decidimos tomar un taxi para ir a cenar. Íbamos comentando una de las sesiones del día que hablaba de entrepreneurship. Éramos todos europeos y debatíamos las percepciones del concepto en nuestros distintos países. El conductor del taxi, un jovial hombre de mediana edad, entró de una manera desenfadada en la conversación y nos explicó su historia. Y lo que nos contó fue más revelador que lo que nos había expuesto el profesor (fantástico, por cierto) aquella mañana. “Yo tenía una librería en Georgetown”, empezó. “Era la ilusión de mi vida”. En aquella librería había pasado años maravillosos recomendando libros a sus clientes y, de golpe, en el mercado aparecieron los Ebooks. “Empecé a ver cómo mi negocio iba perdiendo, perdiendo … Hasta que tuve que cerrar”. Nos quedamos compungidos y nos preparamos para continuar la conversación hablando sobre lo fatídico de los negocios que se ven obligados a cerrar. Pero el conductor, sonriendo, prosiguió su historia: “Cerré mi librería y, me dije: ¿qué me gusta hacer? ¿qué hago bien?. Como me encanta conducir, decidí convertirme en taxista. Y pensé: ¡qué caramba, si no puedes con ellos, únete a ellos!. Así que decidí también convertirme en profesor de Ipad. Y hoy en día soy igual de feliz que cuando tenía mi librería. Me encanta conectar con mis pasajeros en el taxi y me encanta enseñar a las viejecitas del centro de jubilados de mi barrio a utilizar el Ipad para que hagan facetime con sus nietos”. Nos quedamos mudos ante la gran lección que nos acababa de dar ese hombre de Virginia del Norte. Y esa historia lleva resonando en mi cabeza desde entonces.

Hace unos años, se hablaba de los famosos entornos VUCA (Volatility, Uncertainty, Complexity and Ambiguity) como el new normal. Y efectivamente así ha sido. De un tiempo a esta parte, soy más consciente que nunca de la volatilidad y el cambio y del valor tremendamente positivo que ambos conceptos representan. Las generaciones cambian. Las sociedades cambian. Por lo tanto, el status quo y el modo como están estructuradas las organizaciones debe cambiar también. Si en 15 años el 65% de los niños que actualmente tienen entre 6 y 9 años trabajarán en empleos que todavía no existen, más vale que todos empecemos a fluir con los tiempos y dejemos de pensar en el pasado, en el status o en cómo se han hecho siempre las cosas.

El concepto entrepreneurship me parece una manera más que interesante de abrazar este new normal. Del mismo modo que en su momento me fascinó el conductor profesor de Ipad, estoy descubriendo una multitud de profesionales que han hecho de su pasión su propuesta de valor y que se han rediseñado sin necesidad de partir de cero. Simplemente, han reformulado su oferta adaptándola a los nuevos tiempos o a su nueva situación. De este modo, un periodista sin periódico se convierte en un influencer con su blog, un ex recursos humanos se reinventa como cv advisor o un antiguo director de una gran cadena hotelera es ahora consultor de customer experience en boutique hotels. La capacidad de observar, analizar, adaptarse y tomar riesgos está en la naturaleza humana, y, aunque es cierto que algunas generaciones en determinados países no hemos sido entrenadas para ser emprendedores, cada vez todos vemos más claro que un contrato fijo puede ser tan volátil como un proyecto freelance. ¡Bienvenidos al new normal! ¡Y bienvenidos al new me!

Rediseñarse es algo intrínseco al pensamiento emprendedor que puede desarrollarse tanto fuera como dentro de la empresa. Las nuevas organizaciones valoran la intrapreneurship de sus colaboradores como una nueva competencia. Los intrapreneurs aportan a la estructura empresarial ese músculo, esa autonomía y ese aporte de valor que caracteriza al emprendedor. En tiempos de cambio, el futuro de una organización monolítica, que funciona por inercia, con un status quo muy marcado, donde las aportaciones de los colaboradores no son muy valoradas y donde cada uno está aferrado a su silla, será incierto. En estructuras empresariales más ligeras, donde un jefe es un player, con colaboradores dispuestos a proponer ideas positivamente disruptivas (es decir, más proclives a innovar) y acostumbrados a estar “fuera de la caja”, las probabilidades de surfear exitosamente la ola serán mucho mayores.

Así pues, ya sea como profesional o como organización, me rediseño, luego existo. Y seguro que cuando nos miremos al espejo después del cambio nos vamos a gustar más.