La organización human centric

Mi actividad laboral me hace viajar a menudo y estoy acostumbrada a pasar tiempo esperando en los lounge de los aeropuertos, principalmente en ciudades norte europeas. Allí, tengo la ocasión de observar a la gente y sus comportamientos. Con muchas horas invertidas, puedo llegar a hacer la siguiente clasificación de viajeros que visitan un lounge: 80% hombres profesionales, 15% mujeres profesionales y 5% parejas o familias en viaje de ocio. Esta proporción se mantiene independientemente de la compañía aérea o de la ciudad y siempre pienso lo mismo: ¿por qué hay tan pocas mujeres que viajan por negocios? ¿y cuántos de estos hombres preferirían estar en casa con sus hijos?

La asociación de roles por género es un anacronismo que, afortunadamente, los nacidos después de 1985 tienen superado, de modo que en los años próximos me permito ser optimista en este punto. Sin embargo, para los nacidos antes, el discurso de la conciliación trabajo-familia es todavía un arma de doble filo. La presión social y la autoprogramación pasan factura, haciendo que muchas mujeres abandonen sus carreras y muchos hombres acepten un rol secundario en el ecosistema familiar. Es un fenómeno que sucede en todos los países, independientemente de cómo sean las bajas de maternidad o los horarios de trabajo.

Resolver la incógnita del equilibrio entre la vida laboral y la privada es la punta del iceberg del debate sociedad-empresa. Si miramos atrás, los movimientos sociales provocados por la revolución industrial (que originaron los primitivos departamentos de recursos humanos, por entonces llamados “personal”) pusieron de manifiesto que la sociedad actúa de palanca para hacer evolucionar a la empresa. En todo cambio de ciclo (marcado por su correspondiente revolución) hay un momento de impasse en el que la necesidad de la sociedad y el estilo o costumbre de la empresa no coinciden, pero la historia nos demuestra que ese ajuste llega, hasta el próximo cambio de época. Y eso es lo que está sucediendo en estos momentos.

La sociedad está yendo por delante de la empresa . No tiene sentido que en un tiempo de hiperconectividad, donde todo el mundo está localizable las 24 horas y ya no hay distancias en el globo, estemos hablando de jornadas de 40 horas (o más) sentados en una silla. Es algo arcaico.

En conferencias y foros admiramos casos de éxito de empresas con horarios flexibles, espacios humanos, fórmulas no presencialistas (blended work), trabajos por proyectos y/o resultados en lugar de por horas, políticas donde lo que importa es la contribución que realice el trabajador … Miramos boquiabiertos estos casos y pensamos “Ojalá mi empresa fuese así”. Pues, ¿a qué esperamos? ¡Esas empresas están hechas por personas, igual que las nuestras! Simplemente, ellas han hecho ya el clic social (que va más allá de una decoración cool). Corporaciones que se han pasado décadas proclamándose customer centric ven como estas nuevas organizaciones les toman la delantera simplemente cambiando su perspectiva: haciendo que su primer customer sea el interno. ¡Bienvenidos a la organización human centric!

No hay lugar a dudas: el nuevo talento que todas las empresas ansían y buscan desesperadamente elegirá trabajar con una organización human centric (a pesar de que una gran empresa “convencional” esté dispuesta a pagarle más). La experiencia satisfactoria como cliente interno impacta positivamente en los resultados de la organización, que se convierte en una de nuestras admiradas lovemarks, más atractiva para el cliente (interno y externo).

La empresa no es un ente aislado: es uno de los agentes que deben contribuir a hacer de la nuestra una sociedad mejor. La empresa human centric es una de las claves para ayudar a toda persona (sea hombre o mujer, con pareja o no, con o sin hijos) a conciliar su vida personal y laboral. Si está demostrado que los resultados son excelentes y los trabajadores son los principales embajadores de estas empresas, ¿dónde está el freno? ¿en una mentalidad del siglo pasado? El avance social y generacional es inexorable: estamos volviendo a lo humano. Y abrazar esta nueva realidad ya no es algo opcional: el concepto human centric ha llegado para quedarse. ¿Y qué hay más humano que adaptarse? El lema renovarse o morir también funciona para las organizaciones.