Intraprender / Emprender

En enero celebré mi primer aniversario como emprendedora tras más de 20 años de vida corporativa. Puede ser que quienes me leáis seáis emprendedores o estéis pensando en serlo. Puede que ni lo uno ni lo otro y que estéis felices en un entorno corporativo. Puede ser que estéis considerando un cambio y que la idea de emprender no haya cruzado (todavía) por vuestra mente. Sea cual sea la situación, permitidme que comparta con vosotros lo que estoy descubriendo en este fascinante viaje.

Nunca me había planteado ser mi propia jefa. Era una mujer de empresa y la vivía intensamente, aunque sin perder el foco. Mi trabajo tenía tres elementos que han sido siempre mis grandes pasiones: las personas, los entornos internacionales y el mundo del retail. Me divertía enormemente, tenía un maravilloso equipo multicultural, trabajábamos en proyectos que creábamos nosotros mismos y los implementábamos desde NY hasta Shanghai, compartía best practices con mis compañeros de otras marcas y nunca hice algo en lo que no creyese. Trabajé siempre desde el más absoluto respeto y vocación de servicio hacia mi cliente interno y siempre preferí estar más cerca de la operativa que de las corporate politics. La verdad, en los tiempos que corren, he sido muy afortunada. Pero también es cierto que mi yo real estaba desdibujado. Después de tanto tiempo en la misma organización, si bien siempre fui fiel a mi estilo (si no somos honestos con nosotros mismos, ¿qué nos queda?), al final estaba mimetizada con el entorno. Por más proyectos nuevos que lanzase, el cerebro lo utilizaba dentro de un marco de acción muy concreto y siempre con el mismo fin. Y, con una vida laboral intensa dentro de una organización tan grande, mi networking era principalmente con personas de la empresa (distintos países, distintas marcas, pero el mismo entorno al fin y al cabo), sin mucho tiempo ni posibilidades de intercambiar experiencias con personas de otros sectores y disciplinas.

En octubre del 2016, ya fuera de mi última organización (para la que había trabajado durante más de 15 años), me di cuenta que, en realidad, había estado contribuyendo como una intrapreneur y que era precisamente eso lo que me había “enganchado” tan positivamente a mi trabajo. De modo que decidí continuar con la misma tónica, pero trabajando para mi marca: me convertí en entrepreneur. De golpe, descubrí que podía utilizar mi cerebro y mi tiempo para conectar con personas y entornos que antes desconocía. Estimulada por la nueva dinámica, mi creatividad y energía se potenciaron aún más. Y empecé a ver que aspectos de mi vida laboral y competencias que yo había utilizado de manera automática porque consideraba obvias no lo eran tanto ahí fuera y que podía ayudar a gente que estaba interesada en mi aportación. Y que las experiencias de la gente que iba conociendo me nutrían extraordinariamente y me ayudaban a enriquecer mi visión. Fui consciente, de golpe, de mi propuesta de valor. Y de la fuerza de los entornos colaborativos. Y del placer del networking porque sí, sin esperar nada a cambio. Después de tantos años representando una empresa, el placer de hablar en nombre de MI marca y de representarme a mi misma (con lo bueno y lo malo que ello conlleva) me abría la puerta a un nuevo mundo. Recuerdo el primer cliente que visité. Cuando me identifiqué en la cabina de seguridad y me preguntaron de qué empresa venía, respondí: “de la mía, Emma Giner”. Un momentazo.

Mi rutina diaria ha cambiado muchísimo. Trabajo con la misma intensidad que antes, pero mi foco ha cambiado. Trabajo duro para que las organizaciones desafíen su status quo y contribuyan a mejorar la sociedad. He aprendido a disfrutar de la volatilidad y hacer de ella mi aliada. Nada me aterra más ahora mismo que el no-cambio. Disfruto enormemente de los proyectos que tengo hoy encima de la mesa y de los que construyo para el mes que viene. Por encima de todo, siento el más profundo agradecimiento por todas las personas que siempre me han apoyado en mis momentos corporate y que actualmente son los que más me animan como emprendedora. No hubiese conseguido nada sin ellos.
Desconozco si éste será mi camino hasta que me jubile o si, un día, me encontraré con una organización cuyos intereses y los míos confluyan y decida iniciar una nueva vida corporativa. Sea como sea, el músculo emprendedor o intraprendedor, dependiendo de las circunstancias, se mantendrá. Y yo continuaré siendo la misma.

2 Comments
  • Ana

    25 mayo, 2018 at 11:42 am Responder

    ¡Gracias por compartir estas palabras tan inspiradoras!

  • Emma

    18 julio, 2018 at 9:37 pm Responder

    Un placer, Ana! Muchísimas gracias a tí por leer y comentar!

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