El 7 de octubre asistí a la 3rd International HR Conference que se celebraba en Barcelona con el leitmotiv “The Future of Work”. Ponentes de distintas disciplinas y nacionalidades hablaban de choques generacionales, drones, nuevos estilos de organización y, en resumen, de lo que nos deparará el mercado laboral en los próximos años hasta esa nueva fecha clave, el 2020.
Debo confesar que no estaba en mi mejor estado de ánimo. El año pasado había sido yo una de las ponentes y, 365 días después, acababa de desvincularme de la empresa a la que representé y para la que había trabajado durante quince años. Algunas personas que asistieron el año pasado me reconocieron y se quedaban sorprendidas cuando les contaba que ya no trabajaba para aquella organización. Una sensación muy extraña. El caso es que yo sabía hacia dónde quería ir tras esa desvinculación, pero antes de la conferencia no tenía muy claro el cómo. Me acomodé en mi butaca con curiosidad por ver si podría aprender algo útil para mi nueva situación.
Empezaron las ponencias: Directores de HR, profesores de business schools internacionales, estudiosos y gurús de estrategias de innovación… Todos perfiles muy interesantes. Hasta que un joven CEO de 21 años se plantó en el escenario. Se llamaba Pablo González y, con la soltura que te da la convicción, explicó el proyecto de su organización, una plataforma dedicada a descubrir y reforzar a los jóvenes talentos.
Debo deciros que he trabajado durante todos estos años en el sector fast fashion. Me siento más cómoda rodeada de gente de 20 que de 40. Es decir, que no soy una persona que viva en un mundo de seniors… Pero, aún así, las palabras de este emprendedor me fueron directas al cerebro y me hicieron pensar más que todas las teorías de la más prestigiosa escuela. Y, comparado con el sencillo y contundente mensaje lanzado (“No se molesten en buscar a los jóvenes talentos para sus organizaciones. Sencillamente, no nos interesan.”), las palabras científicas de gurús hablando de innovación me parecieron como las organizaciones tradicionales: correctas pero sin garra.
Así pues, mi paradigma cambió radicalmente en la sesión de reverse mentoring más acelerada de la historia (el speech duró 20 minutos) y fue así cómo decidí que yo, a mis 42 años, ¡iba a ser millennial!
Desde entonces me he aplicado a fondo y he picado piedra para romper cualquier muro que me quedase de Generación Y que llevaba muchos años dentro del mismo entorno (bueno, no todo: ¡He intentado quedarme con lo positivo de los de mi generación!). Ser freelance me parece la manera más interesante de hacer networking colaborativo. Aprendo de realidades que me pasaban totalmente desapercibidas en mi anterior vida. Disfruto compartiendo los conocimientos que me ha aportado mi experiencia profesional anterior con gente que se me acerca a través de Linked In. Y he descubierto que las organizaciones cuyos colaboradores y embajadores (ya no digo empleados) son individuos con grandes marcas personales (y no personas mimetizadas con una empresa) serán las organizaciones que se llevarán la palma antes de que digamos “2020”. Qué gran invento, el reverse mentoring.