7 minutos con Adrià Sánchez e Ivan Ruiz

Adrià e Ivan han sido las personas que, junto a Bernat Galindo, me han ayudado a convertir en realidad un proyecto que tenía en la cabeza desde que emprendí, hace justo 4 años: crear mi propia app de talento. A Adrià lo conocí hace unos años, en un contexto distinto: su proyecto Marlowe. Sin embargo, Adrià es también un maestro del User Experience diseñando y estructurando apps (de sus manos salió, por ejemplo, la plataforma Wallapop). A través suyo conocí a Ivan y su programación prodigiosa (una de sus últimas creaciones es la app Nannyfy, de la que además es CTO). Ha sido un placer trabajar y aprender con ellos y de ellos para crear mi digital gadget, Talent Tracker by Emma Giner.

1.Estamos en plena fiebre de apps, pero … ¿Qué es en realidad una app y cómo funciona?
En el mundo de hoy, podríamos definir una app como una herramienta tecnológica que te permite resolver un problema. En ese sentido, no hay diferencia entre una app y una web. Una app, sin embargo, está desarrollada pensando específicamente en la superficie digital que utiliza y por lo tanto aprovecha más sus recursos. Por ejemplo, si utilizamos el móvil, aprovecharás funcionalidades como la geolocalización, el chat y la inmediatez que ofrece. Todo el mundo intenta lanzar una app porque el consumo es más directo, ya que tiene un acceso en el móvil, lo que la hace más accesible que una web, que requiere entrar en un dominio.
Existen dos grandes tipos de app: las que se quedan en el dispositivo (tipo las aplicaciones que permiten retocar fotografías) y las que están conectadas a un servidor para ganar funcionalidad (por ejemplo las aplicaciones que permiten chatear).En esencia, podríamos decir que una app se enseña en el front end, se guarda en el servidor y se utiliza por el ser humano.

2.¿Cuáles son los roles que tienen que tenerse en cuenta para crear una app? ¿Qué actividad realizan cada uno de ellos?
La primera pregunta que tenemos que plantear es qué tipo de app queremos desarrollar: ¿una app profesional? ¿O una app simple para lanzar una idea?
Si se quiere crear una app muy simple, bastaría con un programador que la desarrollase, pero faltaría toda la parte front: diseño, experiencia de usuario, …
Así pues, una app requiere de un perfil especializado en front end  (como Adrià), centrado en el workflow de la app, qué acciones tienen que pasar para resolver el problema y el diseño de las pantallas y un perfil back end (como Iván), que se encarga de la programación del servidor, el desarrollo de las funcionalidades y de hacer realidad lo que está plasmado en el diseño.
Si la app representa un proyecto empresarial de una cierta magnitud que implica la creación de una herramienta que tiene que tener muchos usuarios y funcionalidades, en la ecuación deben entrar más perfiles: un QA (Quality Assurance, que revisa el proceso para minimizar errores), un PO (Product Owner, quien enlaza con el mercado y el cliente final del producto), un Scrum Master (que se ocupa de garantizar que se cumplan los tiempos previstos de desarrollo), … Y así puedes ir sumando incluso a antropólogos que te hacen un análisis social para la mejor adecuación del producto hasta especialistas en psicología que conducen focus groups.

3.¿Qué procesos o herramientas se pueden “appizar”? ¿Cuáles son las ventajas?
Una app es una solución para todo proceso que implique tareas repetitivas y gestión de datos. Cuando gestionas datos, los guardas y los explotas, es más fácil y rápido llegar a conclusiones. Por otra parte, una app también es una manera eficaz de eliminar intermediarios y llegar al usuario de manera directa, sin manuales ni instrucciones.  Un ejemplo de ello es el auge dese hace tiempo de las apps que ponen en contacto a las personas y hacen fluir las ideas.

4.¿Qué es importante tener en cuenta para desarrollar una app que tenga sentido?
Lo esencial es tener en cuenta el proceso. En este sentido, existen dos tipos de apps: una herramienta que no necesita market fit (como una herramienta de uso interno en una organización) y las que sí necesitan market fit (que podría ser un producto que lanza una start up, por ejemplo). Lo importante en ambos casos es que la herramienta tenga sentido y sea relevante para el cliente, así que la iteración según el feedback del usuario será constante. De esta manera, podemos ir evolucionando la herramienta y adaptándola al máximo e incluso anticiparnos a las necesidades de quien la usa.
Es clave empezar siempre con un Mínimo Producto Viable (MPV), una primera herramienta simple, para así ir probando directamente con el usuario e ir añadiendo funcionalidades en cada iteración. Desarrollar productos tiene un coste, así que antes de desarrollar es imprescindible estar seguros que con el próximo paso vamos a solucionar problemas que tiene el cliente. Los MPVs nos permitirán ir testando para, con el mínimo esfuerzo en recursos, conseguir el máximo resultado.

5.¿Cómo sé que una app está bien desarrollada?
Una app bien desarrollada se aprecia en varios aspectos. Desde una perspectiva front, la atención a los detalles es clave: botones, márgenes, estética, ilustraciones, los pasos que el usuario tarda en llegar a una pantalla … Desde una perspectiva back, percibimos el buen desarrollo de una app viendo cómo están solucionados los detalles del front a nivel programación y sus funcionalidades. Una buena app se refleja de inmediato en la reacción del usuario cuando la utiliza. Y, sobre todo, una app bien desarrollada es aquella que soluciona el problema por el cual ha sido planteada. Es muy interesante ver que, aparte de las apps de entretenimiento, muchas de las apps más utilizadas hoy (BlaBlaCar, Wallapop, …) buscan unir a la gente. De un espectro de miles de aplicaciones disponibles, las que elegimos son las que nos vuelven a conectar con las personas. La tecnología, pues, sirve también para unir a la gente.

¡Muchísimas gracias por permitirnos conocer un poco más vuestro mundo, Adrià e Ivan!

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