Crear para prosperar

Es increíble que a estas alturas existan todavía perfiles supuestamente expertos en creatividad e innovación que insisten en envolver ambos conceptos de un aire de misticismo y misterio, como si fuesen habilidades inalcanzables o solo aptas para unos cuantos elegidos que dominen unas determinadas metodologías. Nada más lejos de la realidad: la creatividad es un talento inherente al ser humano, está en nuestro ADN. Sin embargo, si bien todos hemos nacido creativos, la mayoría de nosotros somos herederos de un sistema educativo del siglo XX donde, generalmente, no se ha dado prioridad a hacernos comprender qué es la creatividad, cómo hacerla fluir y cómo tangibilizarla. A la pregunta “¿qué nota te das en creatividad?”, un gran número de personas se definen como poco o para nada creativas, pero esto solo corresponde a una parametrización equivocada causada por una determinada narrativa del siglo pasado que se arrastra aún en la actualidad.  El lado positivo de todo esto es que siempre estamos a tiempo de identificar, cultivar y disfrutar de nuestro perfil creativo y para ello, os lo aseguro, no necesitamos complicadas teorías ni certificados. Me explicaré.

Cada crisis implica el nacimiento de un nuevo modelo y el consiguiente auge de los conceptos “creatividad” e “innovación” y esta vez no es distinta. En un momento como el que estamos viviendo, donde necesitamos más que nunca encontrar nuevas respuestas y nuevas maneras de hacerlo casi todo (desde trabajar hasta relacionarnos no solo con los demás, sino también con nosotros mismos), sacar la creatividad de donde la tenemos escondida (pero latente) es algo imperativo para conseguir ir avanzando hacia la siguiente pantalla de la manera más frugal, eficaz y sostenible. Para que esto suceda, es imprescindible acercar el concepto “creatividad” a las personas en lugar de empeñarnos en hacerlo parecer algo aspiracional. Se trata de demostrar su aspecto cotidiano, operativo, accesible. De meter en un cajón palabras grandilocuentes o demasiado académicas, que lo único que hacen es echar atrás al individuo medio, que cuando escucha conceptos como “incremental”, “aceleradora”, “moonshots” y similares es más que lógico que piense: “esto de la innovación y la creatividad no es para mí”.

Que el ser humano es, en esencia, creativo, es algo incontestable. Solo tenemos que ver qué hicimos a partir del segundo día de confinamiento (tras comprar papel higiénico): empezamos a hacer pan, a cocinar, a inventarnos cómo hacer deporte, nos pusimos a pintar, a hacer manualidades, a ingeniarnos la manera de jugar al bingo con los vecinos, a pensar qué excusa buscábamos para salir a la calle, a hacer memes, a escribir … Cada uno manifestó su creatividad a su manera. Al final, cuanto más alineados estamos con nuestras inteligencias (así, en plural), más fácil nos será fluir con nuestro yo creativo. Howard Gardner lo explicó bien claro en 1983, en su famosa obra “Las estructuras de la mente” (“Frames of Mind”). No existe una única inteligencia humana que medimos con una cifra y quien tiene la cifra más alta gana por encima de los demás. La inteligencia humana es mucho más diversa que una simple cifra. De hecho, existen ocho inteligencias distintas: la naturalista, la interpersonal, la lógico-matemática, la espacial, la intrapersonal, la musical, la kinestésica y la lingüística. En algunas versiones existe incluso una novena inteligencia: la existencial. Todo ser humano posee una o varias de estas inteligencias, que determinan directamente qué tipos de talentos naturales tenemos cada uno (porque todos tenemos talento, somos humanos). Cuanto más alineados estamos con nuestras inteligencias, que determinan nuestros auténticos talentos, más fácil nos será fluir, ser creativos e innovar en aspectos vinculados a las inteligencias que tenemos “de fábrica”.

Así pues, conocerse es la base para reconocer nuestros talentos y, a partir de ese momento, es cuando desencadenamos nuestro yo creativo, el de las ideas brillantes, el que ve nuevas posibilidades, nuevos caminos, nuevos horizontes. Seas quien seas, te dediques a lo que te dediques. Solo así los seres humanos podemos avanzar, prosperar y crear nuevos entornos, adaptados a la coyuntura en la que vivimos.

En estos tiempos intensos, la creatividad debe ser algo extraordinariamente cotidiano, en lugar de dramáticamente aspiracional. Así que rompamos los mitos y leyendas que existen alrededor de algo que es de todos, por favor.

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