Power to the people

De todos los vinilos de mi padre, quizás el que he escuchado más veces desde mi niñez hasta mi adolescencia fue el LP “Imagine” de John Lennon. El track por excelencia, el que da nombre al álbum, era mi canción más escuchada, pero el resto de los títulos están grabados en mi cerebro y, de vez en cuando, aparecen con fuerza por un motivo u otro. “Power to the People”, con una letra que es un call to action en toda regla y que, a pesar de ser de 1970, sigue siendo de total actualidad, no sale de mi cabeza desde hace varias semanas.

En el panorama actual, vemos que se están emprendiendo acciones de gran envergadura desde la sociedad civil. Todas ellas parten de un impulso generado por un core value transversal que surge de un estímulo cerebral común a todo individuo (porque todos los cerebros humanos tienen la misma estructura neurológica). Todo core value, en sí mismo, al desnudo, es unánime: Nadie quiere que nadie de su especie muera o nadie quiere que se destruya el lugar donde uno mismo vive, por poner dos ejemplos. Hasta que alguien crea un storytelling que justifica lo contrario y, en función de cuán convincente sea (o de cuán dispuesto a dejarse convencer esté el otro), se crean sesgos y bandos y el poder de lo unánime queda diluído.

Pero ni el storytelling más elaborado puede frenar un instinto humano que todo status quo dominante intenta acallar: las ganas de cambio. Del mismo modo que, como decía Heráclito, no se pasa dos veces por el mismo río porque ni el hombre es el mismo ni el agua es igual, el cambio (base de la evolución) se abre siempre camino al final (aunque a nuestro básico cerebro reptiliano le gusten los escenarios conocidos). El cambio no es una estrategia, es una acción. Toda acción de cambio requiere plantar cara y perder el miedo al poder que representa el modelo anterior. Y seguramente el ser humano necesita dos generaciones para que no exista storytelling contrario capaz de contener la unanimidad. Lo aceptemos o no, todos tenemos un cierto respeto a nuestra generación anterior (la de nuestros padres), que acaba ralentizando o suavizando el cambio.

En el mundo de las organizaciones lo vemos claramente. Si bien la generación X (nacidos entre los 70 y los 80) “modernizó” la estructura estrictamente piramidal introduciendo elementos como la comunicación interna para empezar a romper silos, continúa manteniendo la esperanza de que el cambio y la transformación están en manos de sus comités de dirección. Las generaciones siguientes, sin embargo, perciben a los comités de dirección como un grupo generacional desfasado y alejado del mundo real, el nuevo mundo. Simplemente les ignoran y deciden si su organización es sexy o no para trabajar en ella, determinando implacablemente la supervivencia de la empresa. La gran losa de las compañías con estrategias más obsoletas es el combo formado por la rotación, la destalentización y la no contribución de las personas que trabajan en ellas. “Ya no sabemos qué inventarnos para atraer a los jóvenes”, me dicen. No se trata de inventar, sino de preguntarles a ellos directamente.

Así pues, en la acción de elegir y decidir por uno mismo está una de las principales claves del cambio de paradigma, que cada vez están abrazando ya más personas de todas las generaciones. Las marcas ya no pueden imponer sus productos ni las empresas su modelo de gestión porque, simplemente, ya no estamos en el siglo XX. Curiosamente, este cambio está sucediendo de una manera totalmente ajena e incontrolable para quienes hasta ahora lo habían manejado todo y ven atónitos como el modelo command&control se hunde. Y así irá pasando, por los siglos de los siglos. Power to the people.

Sin Comentarios

Publicar Comentario

Únete a la
COMUNIDAD SHAKER
¡Estaré encantada de mantenerte al día!
APÚNTATE
close-link