Gratitud, reconocimiento y otros sentimientos positivos

La semana pasada cerró por reformas el hotel que ha sido mi casa en Madrid durante el último año y medio (¿dónde voy a encontrar un sitio igual ahora, Dios mío?). En mi última noche allí, cuando llegué a mi habitación, el equipo de recepción me había dejado un ramo de rosas de té en la mesilla de noche junto a una nota personalizada dándome las gracias por mi fidelidad semana a semana. Me pareció un gesto de agradecimiento tan auténtico y humano que se me hizo un nudo en la garganta y bajé a abrazar a la recepcionista que hacía el turno de noche. Y ahora cuento los meses hasta que mi hotel reabra otra vez.

La gratitud es uno de los sentimientos más poderosos e inspiradores que hay. En la mayoría de personas que conozco (salvo poco honrosas excepciones) crea compromiso y las ganas de corresponder con algo que haga sentir bien a la otra persona. La gratitud y el reconocimiento nos hacen redescubrir un modo verdaderamente humano de relacionarnos desde lo positivo que nos inspira, nos energiza y, sin duda, amplifica nuestras acciones y los resultados de éstas.

El hecho de que todavía encontremos sorprendentes los gestos de gratitud sincera significa que aún tenemos un largo camino por delante en la aceptación y adquisición de sentimientos positivos en nuestra vida cotidiana. Esto no es ninguna trivialidad, ya que, como humanos, en una etapa de la historia reciente, nos hemos asentado en un modelo de asepsia emocional que ha provocado (entre otras muchas cosas) que, en determinados entornos empresariales, una persona sonriente y amable pueda incluso considerarse como alguien “flojo”. Estas empresas acostumbran a estar ancladas en el férreo modelo command & control del s.XX, con todas las lacras que dicho modelo conlleva en un mundo actual. La principal de ellas es la seria dificultad para atraer y retener talento (a pesar de ofrecer paquetes salariales -que no de beneficios- supuestamente interesantes en la mayoría de ellas). Estoy convencida de que la falta de talento acabará matando en el medio plazo a estas empresas por intentar prescindir de lo mejor del ser humano: la capacidad de generar y potenciar sentimientos positivos.

¿Qué sucedería si una organización basase sus herramientas y standards vinculados a la relación con sus clientes internos y externos en la gratitud y el reconocimiento? Desde un agradecimiento sincero a la persona que confía en tu producto hasta herramientas de desarrollo (e incluso de compensación) basadas en el reconocimiento más allá de las métricas. ¿Qué efecto tendría en la psique colectiva de la organización y su impacto en la sociedad? Seguramente, algo parecido a lo que yo sentí cuando vi esas rosas en la mesilla de noche de mi habitación de mi hotel de Madrid.

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