El Organicgrama

Cada vez que visito una empresa y me presentan su organigrama me viene a la cabeza una compañera en una de mis etapas corporate. Ella era la responsable de servicios centrales y era habitual verla cada tres semanas más o menos enfrascada en cambiar fotos y mover nombres aquí y allí … Cuadrar el organigrama cuando al director se le ocurría cambiarlo podía llevarle un día entero en el mejor de los casos. Una pérdida de tiempo.

Las empresas, cuando empiezan, no parecen estar muy preocupadas por si tienen o no organigrama. Nacen y su principal foco es hacer que las cosas pasen y se obtengan resultados. Pero llega un día en el que deciden que es necesario “poner orden” y, ya sea internamente o con la ayuda de alguien externo, crean un organigrama copiado de un modelo organizacional de l siglo XX. El tradicional. El de árbol. Y ahí empiezan los problemas.

Me pregunto por qué, en el momento de trazar su organigrama, las empresas piensan en lo que “deben ser” y no en lo que SON realmente. Por qué insisten en caber dentro de un modelo preconcebido y no crean uno alineado con su esencia real. Las organizaciones (como parte de la sociedad que son) están formadas por personas. Así pues, hablamos de un entorno orgánico, no de un engranaje mecánico que se mantiene impertérrito a lo largo de los años. Es algo naif pensar que los problemas operacionales, tácticos o estratégicos de una empresa se solucionan a través de un organigrama con nombres en rectángulos y líneas rectas trazando lo niveles de reporting.

Cuando llego a una nueva organización y pienso con quién voy a colaborar para hacer que las cosas pasen, me resulta mucho más útil observar su organicgrama e integrarme en él. Es el mapa relacional de la empresa y se percibe enseguida en los espacios comunes: comedor, máquinas de café, pasillos , … Es allí donde ves la interacción humana, que no se puede obviar cuando necesitas que un proyecto se realice de manera rápida y eficiente. Porque en realidad las personas no nos relacionamos de manera cuadriculada. Nos relacionamos en círculos. Así que, quizás, lo que deberíamos empezar a olvidar son los organigramas heredados de los 90 y empezar a echar un ojo a las propuestas de equipos holocráticos (organizados en círculos de expertise) que dibuja Brian Robertson. Porque no vivimos en una cuadrícula. De modo que no perdamos el tiempo intentando cuadrar un círculo.

1Comentar
  • Alberto Gallego Moreno

    15 febrero, 2019 at 2:08 pm Responder

    Touché.

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