Agile es… Agile

Descubrí Agile hace tres años, justo cuando acababa de estrenar mi etapa como emprendedora. En aquél entonces, y por pura curiosidad, me introduje en el ecosistema tech y en los entornos de desarrollo de apps y fue allí donde empecé a practicar con herramientas y métodos como Scrum o Canvas. Me parecieron tan lógicos, simples y prácticos que me enamoré de inmediato y, desde entonces, Agile y su universo de herramientas, aplicadas en mil y un contextos, son una constante en todos mis proyectos: desde scrum para que un equipo de beauty advisors desarrollen su propia herramienta de evaluación hasta canvas para que un equipo de operaciones pueda replantear su manera de gestionar proyectos.

Hace unos meses, un amigo muy querido que está al frente del área de formación de una de las empresas más sexy del momento me enseñó un proyecto de Digitalización (ese ya clásico en el mundo corporativo) que les había presentado una organización de prestigio. El proyecto incluía, claro, un apartado de Agile y, sabiendo que soy gran fan de ese entorno, me pidió mi opinión. El contenido era una verdadera sopa de letras donde todos los conceptos Agile se iban mezclando sin ningún tipo de estructura, intercalando otras palabras también trending topic que no tenían nada que ver con el ecosistema. Los expertos que impartían, más allá de tener mil certificaciones (que me parece estupendo), no procedían del terreno ni aportaban casos de éxito de implementación del modelo (que es lo deseable en un proyecto con un presupuesto de ese calibre). Leyendo esa propuesta, parecía que asistir a una sesión introductoria de Agile era más bien como pasar una mañana en la NASA analizando trayectorias con sus ingenieros. Si Agile es, precisamente, Agile, ¿qué sentido tiene presentar sin ningún tipo de claridad un modelo que debe aportar justamente eso, claridad? ¿por qué algo tan empírico se presenta desde una mera teoría? ¿cómo, si no, van a ser capaces los participantes de valorar la magia de algo cuyo poder es la sencillez para generar un producto (tangible o intangible)?

Lo simple y lógico nos aporta claridad. Y la claridad, ya sea hablando de organizaciones, metodologías o herramientas es esencial para navegar en nuestro mundo complejo, rápido e infoxicado. Sin embargo, no paramos de hacernos trampas al solitario coartando la claridad: hiperjerarquizamos organizaciones, complicamos metodologías o enrevesamos herramientas sin ninguna necesidad.

Hagámonos un favor y no compliquemos lo que es, en esencia, sencillo. Agile es Agile. Y así debe continuar siendo.

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